Facundo Nanni
Investigador Universidad Nacional de Tucumán y Junta de Estudios Históricos de Tucumán
Dentro de la prolífica obra del historiador Carlos Páez de la Torre (h), podemos ubicar un punto significativo con la publicación de su Historia de Tucumán, cuya primera aparición corresponde al año 1987, en la editorial Plus Ultra de Buenos Aires. Se trata de una obra de conjunto, o de “larga duración”, que atraviesa la historia provincial dialogando con los cambios ocurridos en la Argentina y en el mundo, para poder así entender su impacto en la sociedad local. Constituye hasta el día de hoy una obra de referencia ante la escasez de investigaciones que cubran la historia provincial en una extensa duración.
¿Qué tipo de enfoque, de marco teórico o al menos de línea historiográfica podemos advertir en este trabajo que aún hoy es explorado por especialistas? ¿Qué huellas y referencias permiten que podamos caracterizar a este libro significativo dentro de la extensa obra de Páez?
Una primera respuesta que podemos encontrar es que la Historia de Tucumán señala una producción cercana a un tipo de historia que los franceses llaman événementielle. El evento, el acontecimiento, sea que hubiera ocurrido en Tucumán, en alguna provincia limítrofe, en Buenos Aires o en las lejanías atlánticas, constituye la arcilla fundamental con la que Páez de la Torre (h) moldeó cuidadosamente una mirada que atraviesa los siglos tomando como anclaje espacial a nuestro propio terruño. El rigor puesto en la cronología de sucesos es tan estructurante en su explicación histórica, que los 33 capítulos siguen una secuencia temporal desde el siglo XVI hasta el año 1973, y la descripción no constituye un gesto simplificado, sino que logra vincularse con dimensiones, sociales, económicas y culturales, aunque el eje político es el que ordena la secuencia de acciones y la trama de actores históricos implicados.
Se trata entonces de un libro con un anclaje provincial y regional en algunos sentidos, pero integrado con una historia general, y con una fuerte presencia de la dimensión del “acontecimiento”. Los historiadores e historiadoras que hemos recurrido a este voluminoso libro y a las fuentes en las que se sustenta, hemos agradecido en muchos casos el sentido cronológico de esta investigación que aún en la actualidad resulta clave para la historiografía tucumana. Su índice y su organización interna permite que la búsqueda de información refiera a cada año sucesivo, forma de presentación que nos dice mucho acerca de este historiador que se había formado como abogado, se había desempeñado como Jefe de Editoriales de LA GACETA y había condecorado su acercamiento a la historia siendo Miembro de Número en la Academia Nacional de la Historia y en la Junta de Estudios Históricos de Tucumán, entre otras instituciones.
No fue por cierto la Historia de Tucumán el único aporte de Carlos Páez de la Torre (h) a la disciplina histórica, teniendo en cuenta que nos dejó como legado inmaterial más de diez libros y varias decenas de artículos en revistas especializadas. Varios años después de aquel libro de síntesis, y llegando al nuevo milenio, el valorado “Cortoni” (como lo apodaban sus allegados) se animó a incursionar en otras vertientes de la historia, siempre con fuerte arraigo en el estudio de hombres y mujeres de Tucumán. El formato de las biografías le sentó muy bien en esa búsqueda de archivo que tan bien realizaba, siendo un gran conocedor del Archivo Histórico Provincial que supo dirigir. Personajes de la primera plana de la política provincial y nacional como Nicolás Avellaneda fueron objeto de su investigación, así como Juan B. Terán o Luis F. Nougués. Algunos de sus libros han permitido que Páez de la Torre (h) explore las sensibilidades del arte, los géneros artísticos y distintos sectores de la sociedad, como ocurre en su libro “Lola Mora. Una biografía”, escrito en coautoría con Celia Terán. Mientras corrían los años de su propia vida, el historiador fue acrecentando su gusto por coleccionar e interpretar al pasado a través de antiguos retratos, daguerrotipos, o modernas fotografías. Sus libros en compilación con Sebastián Rosso brindan pistas para entender aquel acercamiento de Páez de la Torre (h) a la historia cultural y a la circulación de las imágenes. En sus años finales, uno más de sus tantos emprendimientos intelectuales merece acompañar estas palabras de homenaje. En el año 2016, al cumplirse 200 años de la Declaración de la Independencia, nuestro historiador local integró el Ente Provincial del Bicentenario, promovido por el Gobierno de la Provincia. Se reunieron a más de 60 investigadores e investigadoras, con principal centro en la Facultad de Filosofía y Letras (UNT) y se llevó a cabo un arduo trabajo de archivo, interpretación, escritura y edición, en tiempo record. El resultado se materializó en 2 colecciones que ampliaron aún más el conocimiento del pasado provincial, a partir de 11 libros de la “Colección de Historias Temáticas de Tucumán”, sumados a los 19 libros de la “Colección de Historia de los Municipios de Tucumán. Siglos XIX y XX”.
Cuando recuerdo algunas reuniones con nuestro homenajeado, sea en alguno de los bares que frecuentaba o en algún archivo, anhelo retomar algunas de nuestras discusiones. En tono gentil, colaborativo, y en ocasiones mordaz, recuerdo diferentes encuentros con Páez de la Torre (h), pero particularmente atesoro uno de ellos. A razón de la culminación de mi tesis doctoral acerca del origen y evolución de la opinión pública en el Tucumán decimonónico, le entregué un voluminoso ejemplar que leyó con gusto en algunas semanas. Me citó para ello a un segundo café, repitiendo el mismo bar pero para sostener la siguiente controversia. ¿Valía la pena aproximarse a la realidad con conceptos (estado-nación; opinión pública, o lo que fuera), era conveniente apoyarse en la fuente “pura”, o podían combinarse ambas dimensiones? No teníamos la misma posición en dicha polémica, pero aquella mañana tucumana nos dimos el gusto de valorar el aprendizaje que nace de la diferencia.